Las codornices arrogantes


Hoy he preparado un guiso de codornices para comer. No es una experiencia de buen gusto. Las codornices descabezadas me miraban, unas de hito en hito, otras con un mohín de desprecio sordo. Y eso que no tenían cabeza. No estoy acostumbrado a comer animales tan sentimentales. Menos aún a cazarlos y cocinarlos.

Isla Bonita y yo nos repartimos los papeles. Ella cuida de la cría de Chuso, y yo salgo a cazar, hasta hace poco el gran dinosaurio. Ahora me conformo con presas menores, pero que pueden llegar dar más trabajo. Sobre todo cuando te miran altaneras mientras tratas de guisarlas.

Sigo prefiriendo 20 huevos de codorniz a uno de avestruz. Morrissey is meat.